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NOTA DE PRENSA

¿Qué hacemos con lo que nos pasa?

Estamos viviendo una transición cultural en el planeta. Mientras muchas cosas se van terminando, desgastando, muriendo, otras están comenzando a emerger con mucha fuerza. Situaciones nuevas en las que todavía no hay pautas, no hay caminos diseñados, oportunidades que todavía no podemos distinguir.

Hay una gran incertidumbre sobre el rumbo que guiará nuestra vida y la imposibilidad de poder predecir nuestro futuro. Esto puede llevarnos a estados emocionales disfuncionales, como miedo, rabia, resignación, resentimiento y, otras veces, pérdida del sentido de la vida.

¿Qué hacemos con lo que nos pasa? Lo nuevo desestabiliza antiguas creencias y valores, generando resistencias y miedo al cambio. Podemos quedarnos en el sufrimiento, en la queja, viendo la situación como víctimas de los acontecimientos, paralizados, con un pensamiento o conversación interna negativa; o podemos apostar al desafío de reinventarnos, buscando nuevas posibilidades, entendiendo que es un momento de transición y de grandes oportunidades que nos va a permitir hacer lo que hasta este momento no habíamos hecho.

Que el mundo cambie no significa que lo que ya construimos no sirva y que debamos comenzar de nuevo sino que es el momento de tomar conciencia de aquellos aspectos que ya no funcionan y la necesidad de desarrollar nuevas perspectivas.

El ser humano atraviesa distintas etapas de crisis en su crecimiento: el nacimiento, sus primeros dolores, el desprenderse de su madre, el caminar, ingresar al colegio, la adolescencia, el ser adulto, etc.. Estas crisis favorecen su evolución y es dentro de ellas que surge el embrión de la transformación.

En mi experiencia, todas las veces que hubo crisis, ellas me ayudaron a crecer y expandirme y a llevar la institución que dirijo al más alto nivel, inspirarme y crear lo nuevo, abriendo posibilidades que hasta ese momento no había visto. Ellas me impulsaron a salir de mi estado de confort, cruzar el umbral y conectarme con nuevas perspectivas que enriquecieran y profundizaran las bases de los modelos que sustentan mi trabajo.

Puede pasarnos que, frente a la crisis, nuestra manera de reaccionar en un principio sea la negación: no queremos ver lo que está sucediendo y creamos historias que justifican lo que pensamos y dan sentido a la inquietud, llevándonos a estados emocionales que anestesian temporalmente la incertidumbre. No queremos escuchar puntos de vista diferentes a lo que nos contamos. Esto trae serias consecuencias y, tarde o temprano, el entorno o la situación se encargará de hacernos tomar conciencia, sacudiéndonos en nuestra manera de ver el mundo. Aparecen el miedo y la parálisis. Es el momento de distinguir cuál es el riesgo y el peligro al que nos exponemos si continuamos negando y cuáles pueden llegar a ser las consecuencias.

Es el momento de darnos cuenta de que muchos de los problemas ya estaban ocurriendo y que la crisis es una gran oportunidad para el cambio y la transformación, para soltar el miedo, las historias que nos contamos y cambiar las viejas creencias que hoy nos impiden entregarnos al flujo de la vida.

Aceptar el contexto actual nos permite descubrir nuevas necesidades e inquietudes y emprender nuevas aventuras. Dejar surgir lo nuevo y animarnos a fluir en el devenir de lo que va aconteciendo pone esa energía de cambio a nuestro servicio, construyendo puentes dinámicos entre el viejo y el nuevo mundo.

Necesitamos quitar el foco en evitar lo que ocurra y poner nuestro potencial en buscar nuevas posibilidades y adquirir nuevos recursos que nos permitan ”cruzar las grandes aguas”, como dice el I Ching; resurgir desde nuestros valores más profundos, ordenarnos, cambiar nuestros pensamientos y emociones sabiendo que la crisis ha sido una constante en nuestra vida y que siempre nos permitió crecer y evolucionar.

Si creemos que la crisis es una gran oportunidad, el verlo desde esa perspectiva nos hace descubrir una fuente de nuevos recursos para entender el presente y el futuro de una manera diferente, nos hace responsables de nosotros mismos, de tomar decisiones, de elegir, de cambiar nuestra manera de relacionarnos con los demás y con el mundo. Esta manera de pensar y actuar es un desafío que nos fortalece y abre, frente a nuestros ojos, nuevas maneras de ser y hacer, tanto en el ámbito personal como en el de las organizaciones.

Es en estos momentos cuando aparecen grandes talentos, las conexiones entre grupos a través de nuevas redes y nuevas conversaciones, y la posibilidad de co-inspirar juntos para generar un mundo mejor. Generar espacios donde la inteligencia grupal se conecte con la innovación y la creatividad para que la abundancia de ideas produzca un mercado rico en posibilidades. Recordemos la experiencia del 2001 en la Argentina: frente a esa gran crisis, la cantidad de nuevos talentos que emergieron desde todas las áreas, muchos de ellos emprendedores jóvenes que vieron posibilidades donde otros no las veían.

Es el momento de sumar, de involucrarse intensamente en la transformación del mundo, de llevar nuestros valores más profundos a los negocios, de trabajar para el bien común, aceptando la responsabilidad por el futuro.

Es el momento de ir hacia adentro, de poner nuestra casa en orden, y estar completamente listos y dispuestos a generar un mundo tan distinto que sólo se lo pueda describir como una gran mutación.

Lidia Muradep
Crisis y Postcrisis
23 de julio de 2009

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